Que voy a hacer, je suis perdu
Recuerdo un jeep, probablemente Toyota, lo recuerdo con la novedad de los cristales tintado. Era enorme, cabíamos allí los siete niños y un adulto para llevarnos a donde rogásemos. También era muy alto, me acuerdo de necesitar ayuda para subirme a los asientos de atrás y de que hubiese sido más fácil entrar por la puerta del maletero.
Pues allí nos acomodamos bien, las dos niñas detrás por que no nos iba a interesar una conversación de niños de catorce años. A mí me interesó, me distraje con ella de la eternidad del trayecto. Fue nuestro chófer el que empezó a hablar de música, un grupo que se llamaba ''Los Rolin''. A los chicos les encantaba ese grupo, por que aquel adulto era nuestro ídolo a seguir (entre otras razones), de ahí que le implorasen estrenar el fantástico sistema de audio con disco suyo.-No chicos, os voy a poner un disco que compré el otro día. A ver si os gusta ¿vale?
Se aparcó el jeep y el conductor bajó a hablar con nuestros respectivos padres. Miré por la ventanilla, aquel lugar era una maravilla. Detrás del coche había un faro, no muy grande, con la pintura deteriorada y una ventana rota. La puerta de acceso al faro estaba cerrada, no hubiésemos podido subir, pero sí ir por su derecha y explorar el resto del acantilado y ver el mar picado rompiendo en él.

-¿No bajan los niños?- se preguntaron entre sí. Luego asomó algún padre su cabeza por una de las puertas.- ¿No venís chicos?
Como ya he dicho aquello era una maravilla, y a ningún niño le gustan las maravillas, las maravillas eran aburris.
El mayor contestaba y luego nos miraban a las niñas para ver si al menos nosotras les acompañábamos. Aquello era aburri, así que no. Nos quedamos escuchando, por ejemplo, Manu Chao.
Me gusta la Coruña, me gustas tú...
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