Sin


Probablemente solo quedase mi rubia limpiando la barra del bar, así que me decidí.

Seguí la rutina empujando antes de leer el cartel. Nancy me reconoció a través del cristal de la puerta. Entré cabizbajo, sólo levanté la mirada una vez cerrada la puerta.
Hacía años que no la escuchaba gritar. Recordé que cerrar la puerta no servía de nada, cuando Nancy gritaba la discreción se sentía relegada.

-Buenas noches, rubia.
Intenté quitar hierro con una sonrisa, pero ante mi escasez de dientes se giró a esconder las lágrimas que parecían salir a borbotones.

Limpió su cara con el delantal y luego lo tiró al suelo.
Salió de detrás de la barra. Pude ver el rastro del rimmel en sus mejillas. Iba a abrir la puerta para dejarme, pero se volvió y se acercó.
Su mano fría calmó el dolor de algunos golpes y cortes. Cerré los ojos hasta que dejé de notarla.

Decidió hablar después de mirar durante un rato la sangre con la que se había manchado.
-No me iré.- dijo entre sollozos.
La abracé. La abracé con todas mis fuerzas pese al agujero que el policía había hecho en mi pecho.

Polaroid 600

-Yo quiero, yo quiero.- dije saltando intentando alcanzar la cámara que mi padre sostenía en sus manos.
-Vale, pero ten cuidado.
Intenté sacar la foto desde abajo (ya que mi altura no alcanzaba a mucho más) pero el mundo no cabía en el objetivo (al menos no mi concepción del mundo en aquel instante).
-No quiero. No se ve.- descolgé la cámara de mi cuello y se la ofrecí a mi padre. Él y mi madre se rieron.
-Ponte un poquito más atrás.- dijo mamá.
La miré y su sonrisa me hizo pensar que era posible sacar mi foto perfecta. Así que corrí a alejarme para sacar a papá y mamá de cuerpo entero.

Manos frías

Escondía sus manos frías bajo el jersey de punto y lana. Estiraba las mangas hasta que sólo asomaban las uñas con restos de esmalte rojo. Así entraba en calor y comenzaba sosegarse.
Pero aquellos métodos no le servían de nada, ignoraba ya si sus escalofríos eran debido a la baja temperatura o al miedo.
-Le acaricié la mejilla y sentí como su cuerpo se relajaba con un suspiro. Sonrió y yo traté de simular estar calmado devolviéndole el gesto.
-Apollé mi mano en su rodilla derecha para llamar su atención y le sonreí cuando levantó ligeramente la cabeza. Su mirada mudó y casi advertí un poco de aquella calidez que tenía hacía tres días.
-Conseguí encontrar de nuevo su risa tarareando 'always look on the bright side of life'.
- Saqué de nuevo a la luz su carácter susurrándole 'el juego'.

Hubiese bastado con cualquiera de esos gestos, mismo con un ademán de ellos. Hubiera llegado con alguna otra mueca, con silbar alguna nota. Me habría regalado una última sonrisa.

Los pequeños detalles son los que cuentan.




Los pequeños detalles son los que sacan sonrisas.

Más de cien palabras, más de cien detalles, te daría si me dejaras.