Sing with me, sing for the years.

La gente de la cafetería miraba a mi cantante, al fin había conseguido a un famoso.
-¿Te han dicho ya cuándo saldrá el disco?
-Sí, en un mes estará en las tiendas, y tienes una entrevista a cerca de eso en una semana.
-¿Quién será?
-Un chico nuevo de la Rolling Stone. Dicen que tiene talento, un actor le rompió la nariz de un puñetazo.- Aquella fue una de las pocas sonrisas que le conseguí sacar.
Después de un par de cervezas pidió un whisky y subió a la habitación, fue la primera vez que lo hizo sin un pulpo o dos rodeándole. Mi habitación era la contigua. Aquella fue una de las pocas canciones que oí componer. 


Sing with me, if it's just for today. 
Maybe tomorrow the good Lord will take us away.

Los mayores héroes son desconocidos

Los mayores héroes son desconocidos. Pero estos se están haciendo un hueco en la historia.

Que voy a hacer, je suis perdu

Recuerdo un jeep, probablemente Toyota, lo recuerdo con la novedad de los cristales tintado. Era enorme, cabíamos allí los siete niños y un adulto para llevarnos a donde rogásemos. También era muy alto, me acuerdo de necesitar ayuda para subirme a los asientos de atrás y de que hubiese sido más fácil entrar por la puerta del maletero. 
Pues allí nos acomodamos bien, las dos niñas detrás por que no nos iba a interesar una conversación de niños de catorce años. A mí me interesó, me distraje con ella de la eternidad del trayecto. Fue nuestro chófer el que empezó a hablar de música, un grupo que se llamaba ''Los Rolin''. A los chicos les encantaba ese grupo, por que aquel adulto era nuestro ídolo a seguir (entre otras razones), de ahí que le implorasen estrenar el fantástico sistema de audio con disco suyo.
-No chicos, os voy a poner un disco que compré el otro día. A ver si os gusta ¿vale?


Se aparcó el jeep y el conductor bajó a hablar con nuestros respectivos padres. Miré por la ventanilla, aquel lugar era una maravilla. Detrás del coche había un faro, no muy grande, con la pintura deteriorada y una ventana rota. La puerta de acceso al faro estaba cerrada, no hubiésemos podido subir, pero sí ir por su derecha y explorar el resto del acantilado y ver el mar picado rompiendo en él.
profondo:

(by blaueturnschuhe)
-¿No bajan los niños?- se preguntaron entre sí. Luego asomó algún padre su cabeza por una de las puertas.- ¿No venís chicos?
Como ya he dicho aquello era una maravilla, y a ningún niño le gustan las maravillas, las maravillas eran aburris.
El mayor contestaba y luego nos miraban a las niñas para ver si al menos nosotras les acompañábamos. Aquello era aburri, así que no. Nos quedamos escuchando, por ejemplo, Manu Chao.

Me gusta la Coruña, me gustas tú...

The End

El dedo índice de Briony Tallis presionó el punto final en la máquina de escribir.
Con sumo cuidado y lentitud sacó la hoja de la máquina y, descansando la mirada en aquel final, una lágrima recorrió su mejilla. La secó con la manga antes de que cayera sobre el papel. Colocó la hoja encima de las demás y concluyó así su obra.
Aquella autobiografía con final feliz no era una evasión de la realidad, al menos ella no lo veía así. Había decidido publicar aquel ejemplar con el fin de darle a Cee y Robbin la oportunidad por la que lucharon y nunca llegaron a conseguir. Era un gesto amable después de todo el dolor causado. Tal vez buscaba así el perdón de sí misma, poder morir tranquila tras una vida plagada de arrepentimiento y guerra.


La señora Tallis se puso su falda nueva y una camisa azul. Se acercó al mueble del recibidor y sacó de una bombonera un bote de barbitúricos que metió en el bolso, junto a su obra. Calzó sus tacones de charol, descolgó el gabán del perchero y salió del apartamento, dirigiéndose a su última entrevista.


Atonement