La memoria, que esté a buen recaudo.

Estaba en la esquina del parque, tirada entre el césped y bajo un árbol. También en la plaza, disfrazada de ninja asustando a los niños. A veces incluso la veía salir del lago, de ese que estaba frente a nuestro banco, del que tiene muchos patos. Salía enfadada porque yo la había empujado.
Puse las piernas sobre el banco, apoyé mi brazo izquierdo en el respaldo, palpando la placa con su nombre, y guardé la memoria en el corazón.

1 comentario:

El enanito del bosque dijo...

Solo muere lo que olvidas, y cuanto mas tratas de olvidarlo, conmas fuerza lo recuerdas, cest la vie